Cinco argumentos para ganar en un arbitraje internacional

Recurrir a una causa de arbitraje, en lugar de a los tribunales para resolver un conflicto, ahorra tiempo y dinero, pero sólo si todo el proceso se planifica bien y se elige con acierto a los actores involucrados.

El miedo a perder una inversión en el extranjero es uno de los principales temores de los empresarios cuando deciden dar el salto al exterior. Desde una expropiación hasta la falta de seguridad jurídica en un conflicto con un socio local pueden dar al traste con los planes de expansión de una firma.

En estos casos, acudir al arbitraje internacional suele ser la mejor alternativa, ya que, por lo general, es más barato que los tribunales hasta un 75% menos y los conflictos se resuelven en cuestión de meses, en lugar de años. Sin embargo, si estos procesos no se gestionan bien pueden alargarse durante más de cuatro años.

El primer error es pensar en el arbitraje cuando ya ha surgido el conflicto. La previsión es clave. “Hay que planificar la inversión en un país para aprovechar los tratados bilaterales”, según David M. Orta, socio afincado en Washington del despacho Quinn Emanuel. No todos los países firman los mismos acuerdos.

Es habitual, por ejemplo, que los tratados con las excolonias sean más beneficiosos porque existen lazos históricos.

1 Para aprovechar estas alianzas, se puede invertir a través de sociedades constituidas en estos países amigos. Por ejemplo, una compañía que quiera invertir en Angola podría instrumentar su inversión a través de Portugal, mientras que España es una buena vía para desembarcar en Latinoamérica. El único requisito para poder invocar estos acuerdos internacionales es “que se constituya la sociedad antes de realizar la inversión, ya que de otra forma se podría ver como una medida oportunista”, apuntó Orta durante su participación en el VII Congreso Latinoamericano de Arbitraje, celebrado en Lima, en el que España ha estado representada, entre otras instituciones, por la Corte Civil y Mercantil de Arbitraje (CIMA) de Madrid.

2 El siguiente paso es elegir el lugar del arbitraje.

Normalmente, unos están pensados para conflictos con gobiernos, mientras que otros están especializados en problemas con particulares (clientes) o con otras empresas. El Ciadi, institución vinculada al Banco Mundial, es la corte preferida por las empresas para resolver disputas con los estados. Repsol, por ejemplo, ha acudido a este organismo por la expropiación de su filial argentina YPF. Algunos países, como Ecuador o Bolivia, no reconocen esta corte y están promoviendo Unasur, una institución latinoamericana para dirimir este tipo de disputas.

Además, en cada país existen diferentes cortes locales, por lo que es recomendable incluir en el contrato una cláusula sobre el lugar en el que se estudiarán las reclamaciones. “El principal aspecto no es otro que la confianza en la corte elegida, que ha de ser totalmente fiable”, apunta Juan Serrada, presidente de CIMA.

3 El tercer paso, una vez que ya se ha desatado el problema, es elegir el árbitro. En opinión de Claudia Benavides, abogada de Baker & McKenzie en Colombia, “los clientes suelen tener prisa por iniciar el proceso, lo que hace que no presten demasiada atención a este aspecto”. Del árbitro depende, sobre todo, la agilidad del proceso. Hay que entrevistar a los candidatos, comprobar que conocen el sector, qué idiomas hablan y, sobre todo, su disponibilidad para trabajar en el proceso.

4 El cuarto paso es no olvidarse del perito que estudiará las pruebas. Las empresas suelen delegar su elección e, incluso, establecer en los contratos quién será el experto en caso de conflicto. Esto es un error, ya que hay que asegurarse de que se trata de alguien que conoce el sector y, sobre todo, seleccionarlo en función del problema.

5 Por último, existen dudas sobre si es conveniente o no dar publicidad a estos procesos. Stephen P. Anway, socio de Squire Sanders en Nueva York, considera que un error muy habitual es anunciar antes de presentar una demanda ante una corte que se va a iniciar el proceso para ejercer presión, por ejemplo, sobre el Gobierno con el que se tiene la disputa. Pero, según este experto, el efecto que se consigue es el contrario: “El problema es que entonces las firmas legales de todo el mundo le ofrecen a ese estado asesoramiento legal, muchas veces gratuito, para conseguir el contrato”. La cautela es el mejor aliado.

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