¿Ley de Emprendedores e impuestos confiscatorios? Otra contradicción del Gobierno

¿Puede tener éxito la nueva Ley de Emprendedores en un entorno marcado por la economía de la subvención, los impuestos confiscatorios, el intervencionismo estatal y el gasto público improductivo?

 

El ajuste en España está en marcha, si bien es preciso señalar que la reducción del déficit del año pasado fue posible debido al expolio al que el Gobierno sometió a las familias de clase media, a las pymes y a los autónomos.

De todas formas, y a pesar de las subidas de impuestos, el agujero fiscal está creciendo en 2013, ya que el déficit del Estado supera al de hace un año a estas alturas. España sigue aplastada por una deuda insostenible e impagable, sin que exista una voluntad política de recortar el gasto público reduciendo radicalmente la estructura del Estado. (Recordemos, igualmente, que la casta política sigue con sus inmorales, injustos e inmerecidos privilegios intactos).

Aunque las exportaciones han experimentado un relevante crecimiento en los primeros meses de 2013 gracias al enorme esfuerzo de los empresarios españoles, no es factible centrar el proyecto de recuperación económica de nuestro país únicamente en ellas. Por tanto, España tiene la imperiosa necesidad de crecer y crear empleo por la vía de la fundación de nuevas empresas, lo que regeneraría nuestro breado tejido empresaria.

Algo falla en el planteamiento

¿Es posible potenciar el emprendimiento por mediación de la nueva Ley de Emprendedores pero sin mejorar sustancialmente el entorno (político, económico, financiero, fiscal, administrativo, laboral, etc.) en el que deben moverse los emprendedores?

¿No sería más eficaz hacer primero las reformas de calado que no quiere hacer el Gobierno para allanar el dificultoso camino por el que deben transitar las pymes y los autónomos? Es decir, facilitar el acceso a la financiación, bajar los impuestos, reducir la Administración, aumentar la libertad económica, profundizar en la reforma laboral, impulsar la unidad de mercado y la seguridad jurídica…

En principio, y sin conocer aún la letra pequeña del anteproyecto de ley de apoyo a los emprendedores, algunos aspectos del mismo pueden ser valorados positivamente como la limitación de la responsabilidad patrimonial de los emprendedores ante acreedores privados, las menores cotizaciones para autónomos pluriempleados o determinadas deducciones y facilidades para crear una empresa.

Pero aún así, el legislador no puede pretender que una nueva normativa sobre emprendeduría sea suficiente para subsanar las carencias del modelo de economía subvencionada implantado actualmente en España.

El Gobierno actual, igual que hizo el anterior, ha optado por la economía de la subvención, los impuestos confiscatorios y el intervencionismo estatal, arrinconando a la economía productiva y, por tanto, a las empresas. Si este círculo vicioso no se corta, esta nueva ley de emprendedores no tendrá el efecto deseado.

La altísima tasa de desempleo existente en España (al margen del efecto del pinchazo de la burbuja inmobiliaria y de la crisis económico-financiera) es la consecuencia de la conjunción de una serie de variables: impuestos abusivos, subvenciones improductivas, mamandurria del Estado, falta de flexibilidad de nuestro mercado laboral, sindicatos de clase… ¿Propone la Ley de Emprendedores alguna solución a tal efecto?

Los responsables de la ley

La única fórmula para que la nueva Ley de Emprendedores tenga un resultado mínimamente satisfactorio es acompañar a la misma de una bajada generalizada de impuestos que reactive tanto el consumo interno como la capacidad de inversión de las empresas (y la renta de las familias). No solamente hay margen para reducir los impuestos (recortando, de forma paralela, los gastos del Estado en la misma proporción), sino que es crucial bajarlos porque esta es la salida hacia el empleo y el crecimiento económico.

El Gobierno no ha aprovechado para bajar los impuestos ni la bajada de la prima de riesgo ni el aplazamiento respecto al cumplimiento de los objetivos de déficit otorgado por Bruselas a España. De igual modo, el Gobierno debería ser consciente de que un modelo de crecimiento basado en el emprendimiento y en la creación de pymes y autónomos es incompatible con un marco impositivo asfixiante.

Además, mejorar el clima fiscal y el entorno de los negocios también ayudaría, sin duda, a atraer inversión extranjera, uno de los motores que nuestra economía necesita encender urgentemente. Evidentemente, se aprecia una contradicción entre aquello que desea comunicar el Gobierno (apoyar el emprendimiento a través de la nueva ley) y la política económica que está ejecutando (intervencionismo estatal, impuestos abusivos e inapreciable reducción del gasto público).

En consecuencia, el mensaje llega completamente distorsionado a los emprendedores. ¿Quiénes han elaborado la nueva Ley de Emprendedores? ¿Asesores y políticos que ni han creado empresas ni han trabajado en ellas o emprendedores reales?

La clave es el entorno. ¿Camina la nueva Ley de Emprendedores en dirección contraria al entorno? ¿Cumplirá la Administración la nueva Ley de Emprendedores, teniendo en cuenta los antecedentes, por ejemplo, el incumplimiento permanente de la Ley de Morosidad pública?

Fuente: El Economista

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