Microdespachos, una alternativa laboral a los recortes.

Ante las dificultades económicas, cada vez más abogados que deciden volar en solitario optan por una fórmula más parecida a las start up que a los grandes bufetes: estructuras ligeras e hiperespecialización.

La crisis económica ha cambiado los parámetros por los que se rigen los bufetes de abogados. Los sueldos no crecen al mismo ritmo que en años anteriores, los ascensos se ralentizan, los conflictos entre departamentos se disparan y las filosofías personales y empresariales cambian.

Frente a esta situación son muchos los letrados que deciden abandonar estas grandes firmas para fundar su propio despacho con una estructura mucho más ligera. Actualmente, existen muchos tópicos en torno a estos despachos, y no siempre son reales.

Uno de los mitos más habituales es que muchos jóvenes abogados optan por crear este tipo de bufetes, aunque en la práctica no suele ser así. Aunque no existe un perfil claro, sí es posible destacar ciertos puntos comunes. Habitualmente, los letrados que deciden volar en solitario cuentan con una amplia trayectoria en un gran bufete –donde han adquirido conocimientos– y no pretenden replicar lo que han vivido en esta firma, sino mejorarlo. Cuentan con una importante agenda de clientes y saben dirigir y gestionar un equipo de manera eficaz, algo muy lejos del alcance de los jóvenes letrados.

“Lo más normal es que esta voluntad de alejarse de un gran bufete provenga de una necesidad de independencia por parte del abogado, ya sea por un cambio de prioridades personales o de valores de la compañía, o por querer controlar su propia vida profesional”, explica Marisa Méndez, consultora y profesora de IE Law School.

Precio

Los pequeños bufetes no siempre son baratos. Aunque sus estructuras cuesten menos, las grandes firmas cuentan con las herramientas y el know how, y pueden incluso ocuparse de asuntos en un tiempo inferior y a menor precio.

Muchos expertos piensan que este tipo de despachos son exclusivamente una moda pasajera y que no perdurarán. Sin embargo, “el mercado jurídico tiende a la especialización, como sucede en Estados Unidos. Por eso, muchos deciden crear un despacho para atender necesidades específicas de los clientes”, comenta Ignacio Bao, presidente de Signium International. “Esta hiperespecialización permitirá que los pequeños despachos sobrevivan. Los que opten por ser generalistas, terminarán integrándose en una gran firma”, concluye Bao.

Por su parte, Méndez opina que la especialización de estos microbufetes no tiene por qué centrarse en un área –laboral, propiedad intelectual y contencioso, son los más habituales–, sino que pueden dirigirse hacia un sector y cubrir así un espectro mucho más amplio.

Este último aspecto rompe otro tópico de los pequeños despachos: las multinacionales no apuestan por estos bufetes por ser muy específicos. De hecho, según el informe How client organizations pick their legal advisors elaborado por la Universidad de Oxford, las grandes compañías seleccionan los bufetes según los casos.

El estudio explica que las multinacionales optan por una gran firma para transacciones de alto riesgo; tres o cuatro despachos nacionales para asuntos laborales o pequeñas operaciones, así como dos o tres bufetes pequeños para asuntos más concretos. A cada despacho le corresponde un tipo de asunto.

El trato personalizado es otro de los mitos creados respecto a las pequeñas firmas. Esto no significa que no se vuelquen en satisfacer las necesidades de sus clientes y que haya una relación más cercana, sino que los grandes bufetes también atienden a cada uno de ellos de una manera única.

De hecho, explica Méndez, los que acuden a un bufete pequeño buscan a un letrado con credenciales y una persona que les dé seguridad frente al caso que tengan que abordar y no tanto un trato personal.

Mayoría independiente Al hablar de abogados, se tiende a pensar en grandes bufetes. Sin embargo, “en España hay casi 132.000 letrados colegiados ejercientes. El 71 % trabaja de forma independiente en pequeños despachos, en ocasiones compartidos. Del 29% restante, el 16% es socio o asociado en algún despacho colectivo y el 13% trabaja como abogado de empresa u otra organización”, explica Tomás González Cueto, coordinador de la comisión jurídica del Consejo General de la Abogacía Española.

Fuente: Expansión

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