Los riesgos y las ventajas de tener que hipotecar una marca

Las compañías han descubierto en sus marcas un activo que ofrecer a los bancos como garantía para conseguir un préstamo, asumiendo que puede costarles la propia empresa si incumplen los pagos.

Las compañías han descubierto en sus marcas un activo que ofrecer a los bancos como garantía para conseguir un préstamo, asumiendo que puede costarles la propia empresa si incumplen los pagos.

Hipotecar la marca se ha convertido en una alternativa cada vez más utilizada por las empresas españolas para lograr financiación. A falta de inmuebles o activos físicos que ofrecer para respaldar un crédito, los intangibles se convierten en el aval perfecto para lograr el apoyo del banco.

El Código Civil permite vender una marca o un nombre, pero también ofrecerlo como garantía de un préstamo.

En principio, hipotecar una marca no es negativo, ya que puede suponer una inyección de capital importante en un momento decisivo para la compañía. Mientras que se cumpla con las obligaciones contraídas y se pague regularmente, no hay problema.

Sin embargo, al igual que ocurre cuando no se hace frente a las cargas de una vivienda hipotecada, el banco puede embargarla y vender ese activo al mejor postor para recuperar su inversión.

Proceso

– Marcas comerciales como Calvo, Koipe, Carbonell, Capitán Trueno o Ron Ribera Caribeña han sido hipotecadas en algún momento de su historia.

– Cuando se utiliza una enseña como garantía, se debe registrar en la Oficina Española de Patentes y Marcas.

– Si se produce un impago o la empresa se declara en concurso de acreedores, se pueden embargar las marcas.

– Para valorar una marca se tiene en cuenta varios criterios, desde los resultados financieros hasta los atributos percibidos por los clientes y su fidelidad o la protección legal de la enseña.

El riesgo es alto, sobre todo si se utiliza esta opción cuando hay tensiones de tesorería o una mala evolución del negocio. Una compañía puede seguir operando aunque le embarguen su sede, ya que puede mudarse a otro ubicación. Sin embargo, mantener la actividad sin la propia identidad es imposible en la mayoría de los supuestos.

Por ejemplo, el dueño de una franquicia vive de su nombre, ya que los franquiciados pagan un canon o un porcentaje de sus ventas por utilizar la enseña.

Desde clubes de fútbol de Primera División hasta compañías del sector de la alimentación han hipotecado su nombre en alguna ocasión, como Calvo o Koipe. El problema es cuando se producen impagos o la empresa se declara en concurso de acreedores. Marcas como Victorio y Lucchino, Trapa, Dhul, Marsans, Magefesa o Musgo, entre otras, han visto en algún momento de su historia cómo pesaba la losa del embargo sobre sus nombres.

Hay que diferenciar aquellas empresas donde la marca coincide con el nombre comercial de la compañía, como ocurre con Marsans, de las que no tienen nada que ver (Dhul y Nueva Rumasa).

La mala prensa de un embargo cuando la denominación es la misma hace que “la pérdida de valor de la marca sea notoria, inmediata y muy difícilmente evitable”, explica Ignacio Gafo, profesor de Marketing de IE Business School. En opinión de este experto, estas situaciones son “difícilmente remontables”. De ahí que el interés de un potencial comprador por estas enseñas sea muy bajo.

Sin embargo, las marcas que no se ven afectadas por la publicidad negativa de la quiebra de su dueño “siguen contando con un adecuado posicionamiento e incluso fidelidad por parte de los clientes”, explica Gafo. Esto hace que estas enseñas tengan más atractivo para los acreedores y también sean más fáciles de hipotecar.

Fuente: Expansión

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