El ‘caso Urdangarin’ refuerza el valor probatorio de los ‘emails’

El juez da por auténticos los correos que ha aportado el exsocio del Duque de Palma, Diego Torres. Fueron impugnados por uno de los abogados pero los aludidos no han puesto en duda que sean reales.

Iñaki Urdangarin.Iñaki Urdangarin.

El juez que instruye el caso Urdangarin, José Castro, dictó ayer una providencia que da por auténticos los correos electrónicos que ha aportado el exsocio del Duque de Palma, Diego Torres, y que sugieren que la Casa del Rey, a través del secretario de la infanta Cristina, Carlos García Revenga, de la propia infanta o del Monarca, conoció, amparó y favoreció los negocios de Urdangarin. Los últimos emails tratan sobre la oferta laboral realizada a Urdangarin por Corinna Sayn-Wittgenstein. Este proceso, unido a los papeles del caso Bárcenas, está suscitando un debate sobre el valor probatorio de los correos.

El juez Castro alega que los emails, que fueron impugnados por uno de los abogados, proceden de la Fundación Nóos y que ninguno de los aludidos ha puesto en duda la autenticidad del conjunto.

En el año 2000, la Ley de Enjuiciamiento Civil introdujo la posibilidad de aportar emails y otros documentos en soporte digital como prueba. Hasta entonces, la prueba documental distinguía entre escritos públicos –notariales, judiciales o administrativos– y privados, y daba mayor fuerza probatoria a los públicos, ya que prueban la fecha, las personas firmantes y el hecho que documentan, mientras que los privados sólo producían tales efectos si son reconocidos por las partes.

El email es en principio un documento privado, con ciertas particularidades, y sometido por tanto al trámite del reconocimiento de los implicados. Los problemas surgen cuando una de las partes no lo reconoce, sea por negar la fecha, el contenido, el autor o los documentos adjuntos.

“Los emails se pueden utilizar como prueba en un juicio siempre y cuando su obtención no vulnere derechos fundamentales, en cuyo caso son prueba nula de pleno derecho”, señala José Ángel González Franco, socio director de González Franco Roxin Abogados.

Con los documentos tradicionales, la impugnación se solía resolver mediante un dictamen pericial que reconociese la autenticidad de la firma contenida en los mismos, lo que era relativamente sencillo con las técnicas de reconocimiento caligráfico. Tal juicio pericial no es tan claro con el email, pues es un elemento fácilmente manipulable. Además, al juzgado normalmente no se aporta más que la copia en papel y las técnicas para la detección de las manipulaciones no son del todo fiables. Al final, es el juez quien debe valorar la prueba, pues la ley establece que si no se puede determinar pericialmente la validez de un documento, el juez lo hará según su criterio. Los peritajes informáticos practicados en caso de denuncia sólo pueden certificar el envío, el destinatario y la fecha, no el contenido.

Bosco de Gispert, abogado de Grupo Gispert, Abogados y Economistas, apunta que “se implementan sistemas que certifican el contenido y fecha del mail: el buromail, los remitidos a través del Colegio de Notarios y el certificado de firma electrónica”. Y concluye: “El email está plenamente reconocido como medio de prueba, si bien con la limitación de los documentos privados sobre su autenticidad, salvo que se usen medios que certifican el contenido.

Los peritos no pueden certificar el contenido de un correo en papel Los peritajes informáticos que se practican en caso de denuncia de manipulación de correos sólo pueden certificar el envío del correo, el destinatario y la fecha, pero no el contenido del mismo ni el de sus posibles documentos adjuntos, que es lo realmente relevante y útil a efectos del procedimiento.

Esta certificación, además, sólo puede hacerse si se aportan medios de prueba digital, es decir, imágenes forenses, no si se adjuntan los correos en papel, explican Ricardo Noreña y César Nieto, socio director de Forensic y responsable del Laboratorio Forense de Ernst & Young, respectivamente. Noreña y Nieto detallan que “en el caso de que se aporten pruebas forenses informáticas de los correos mandados desde una empresa u otro organismo puede llegarse a certificar que el contenido de los correos estaba en el momento de su envío y recepción a partir de los rastros y del volumen de información almacenados”. Lo mismo sucede con los metadatos que desprenden los archivos adjuntos. Por último, estos expertos recuerdan a las empresas que “deben tener una política clara de privacidad en la que se informe a los empleados de que hay controles periódicos de ordenadores en los que se hacen copias de seguridad”.

Fuente: Expansión

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