Transmisión patrimonio a los hijos. ¿Testamento, donación o compraventa?

Texto facilitado por el Consejo General del Notariado de España
a) Un caso frecuente
Uno de los asuntos que con cierta frecuencia se plantean en los despachos notariales es el de los padres que están pensando en formalizar en vida el reparto de todo o parte del patrimonio que poseen entre sus hijos, adjudicando a cada uno de ellos una parte concreta, con el fin de evitar en la medida de lo posible que en el futuro puedan surgir discrepancias o desencuentros entre ellos. Se trata, suelen decir, de “dejar todo arreglado” para cuando los padres falten.
Una variante del mismo caso es la de los padres que quieren donar (regalar) a uno de sus hijos un inmueble, pero no es su intención desigualar a sus otros hijos, a los que les han compensado antes o tienen previsto hacerlo en el futuro, bien por medio de donación de otro inmueble, bien porque les han ayudado a abonar la hipoteca, bien porque les han entregado dinero, o bien por cualquier otra circunstancia.
Los padres suelen decir que quieren “poner a nombre de un hijo” un inmueble, pero, como es natural, sin determinar de qué manera, o por medio de qué negocio jurídico, van a lograr ese resultado. Es esta una materia que requiere especialmente el asesoramiento notarial individualizado, porque existen multitud de matices o situaciones particulares, y ha de elegirse la solución que mejor se ajuste a cada caso. Sin ser exhaustivos, y a modo de ejemplo, señalemos unas cuantas situaciones posibles:
Padres que regalan un inmueble a su hijo, pretendiendo compensar posteriormente a los otros a través de un reparto desigual de la herencia, o bien a través de dinero, o ayudándoles a pagar un préstamo, regalándoles a su vez otro inmueble, etc. También cabe otra posibilidad, y es que quieran conscientemente mejorar a un hijo frente a los demás, es decir, entregarle más patrimonio a él que a los otros, por las razones que sean, normalmente de índole personal.
Además, los padres pueden querer que el hijo sea propietario inmediatamente del inmueble, o demorarlo al momento del fallecimiento de ellos. Y en el primer caso, pueden preferir reservarse el uso del inmueble, o la posibilidad de revocar ese regalo, o la posibilidad de venderlo en caso de necesidad, o quizá no reservarse nada y regalarlo de manera definitiva.
Igual lo que pretenden los padres es proceder a un reparto completo de lo principal de su patrimonio entre sus hijos, o al revés, se trata solamente de algo puntual, de un bien concreto, etc. La gran variedad de posibilidades, aquí simplemente apuntada, unido al hecho de que cada familia es diferente, y de que hay que tener en cuenta sus respectivas circunstancias personales, hacen imprescindible un asesoramiento especializado. No obstante, aquí le vamos a ofrecer una “puesta en situación” sobre la materia. Costes económicos de uno y otra
b) Testamento o donación
Nos centramos en el caso frecuente de los padres que pretenden repartir uno o varios bienes, generalmente inmuebles, entre alguno de sus hijos, o todos ellos, pero no están seguros de qué mecanismo jurídico es el que más les conviene. Nos vamos a ocupar de los dos fundamentales, el testamento y la donación.
El testamento: Está explicado con amplitud en el apartado Testamentos y herencia, que le recomendamos lea con atención. Se trata de que los padres señalen en el testamento quiénes de sus hijos recibirán los inmuebles, (la vivienda, el local, la parcela, etc) propiedad de los padres. Puede repartirse todo el patrimonio en el testamento (hacer una adjudicación total del patrimonio paterno entre los descendientes), o simplemente adjudicar uno o varios bienes concretos a algunos o todos los hijos, y dejar el resto sin adjudicar específicamente (por ejemplo, legando un inmueble a uno de los hijos, sin decir nada concreto sobre el resto del patrimonio). Este reparto total o parcial que los padres realizan, al constar en un testamento, participa de las características de éste, a saber:
• Es revocable, porque basta que los padres otorguen un testamento posterior con otro contenido, para que quede sin efecto.
• No vincula en ningún caso a los padres, ni les limita, dado que el testamento, y el reparto que contiene, no produce ningún efecto hasta el momento del fallecimiento del testador. Ello significa que los padres, después de otorgar testamento, podrán vender, hipotecar, cambiar o regalar su patrimonio con la misma libertad que antes de firmarlo, incluídos los bienes que hayan adjudicado específicamente, porque nada es definitivo.
• Coherentemente con el punto anterior, los hijos no reciben nada, ni tienen ningún derecho sobre el patrimonio paterno, hasta el fallecimiento de los padres, ni pueden estar seguros de que ese reparto total, o esa adjudicación de un inmueble, por ejemplo, va a ser el definitivo, porque siempre podría otorgarse un testamento posterior que los invalide.
• El testamento es un documento personal, íntimo, y si los padres no quieren divulgar el hecho de que lo han otorgado, pueden guardar en secreto su existencia a los hijos, y por tanto el reparto que contenga, en el caso de que así lo consideraran adecuado.
La donación: En concreto la donación de inmuebles, requiere obligatoriamente escritura pública notarial. “Donar” significa regalar. La escritura es otorgada por los donantes, en este caso los padres, y el donatario, que sería el hijo, y como cualquier transmisión de inmueble, es susceptible de inscribirse en el Registro de la Propiedad correspondiente, a nombre del beneficiado.
Es una solución muy diferente a la del testamento, por varias razones:
• Es básicamente irrevocable, de manera que una vez otorgada, el adjudicatario es, de presente y frente a todos, incluidos los padres, propietario del inmueble. Existen unas causas de revocación en el Código Civil, pero son muy pocas, y están tasadas.
• Requiere el consentimiento del hijo beneficiado, a diferencia del testamento, que como hemos visto es un documento que puede permanecer en secreto.
Como veremos, fiscalmente hay grandes diferencias entre las dos soluciones. La donación pura y total de un inmueble tiene, por tanto, un efecto mucho más contundente que el testamento en el patrimonio de los padres, puesto que estos pierden de manera absoluta tanto la propiedad como -y esto es muchas veces trascendente- el uso del inmueble, el derecho a habitarlo. Los padres dejan de ser dueños a todos los efectos.
Sin embargo, no es preciso que los donantes pierdan de forma total el control sobre lo donado. Siempre es posible establecer una serie de cláusulas en la propia escritura de donación, para matizarla, y ajustarla a los deseos y conveniencias de aquéllos. Señalemos algunas a modo de ejemplo, insistiendo en la necesidad de acudir personalmente al notario para informarse más en profundidad:
Donación de la nuda propiedad con reserva del usufructo vitalicio: Los padres retienen el derecho de usufructo, que les permite utilizar los inmuebles, habitarlos o arrendarlos, como poseedores que son de los mismos. El hijo nudo propietario no tiene ningún derecho de uso hasta el fallecimiento de los donantes, pero sabe que en ese momento adquirirá la propiedad plena. Es muy interesante en supuestos como los de donación de la vivienda habitual de los padres: estos podrán disfrutar de la vivienda durante toda su vida, sin que nadie, ni siquiera el hijo, pueda desahuciarles, y el hijo por su parte tiene la seguridad de que en su momento tendrá todos los derechos sobre el piso, sin necesidad de formalizar la herencia de los padres.
En este tipo de donación, para vender el inmueble donado se requerirá el consentimiento conjunto de los donantes y el donatario.
– Donación con reserva de la facultad de disponer: los donantes prevén que en el futuro necesiten vender el inmueble donado, y se reservan ese derecho. Ello no quiere decir que la donación no sea completa, lo es, y si finalmente no ejercitan el derecho a disponer en vida, la donación es definitiva. Pero en vida de los padres, estos podrán disponer de lo donado.
– Donación con cláusula de reversión: los donantes pueden establecer supuestos o casos, a su criterio, en los que el inmueble donado volvería a su propiedad. Por ejemplo, donación a un hijo soltero, que revertiría a los donantes, es decir, readquirirían lo entregado, si el beneficiado contrae matrimonio. De este modo, se aseguran de que, si cambian las circunstancias, se pueda desandar el camino.
c) Costes económicos de uno y otra
El testamento es un documento con muy pocos costes. Oscila entre 45 o 60 €, independientemente del valor de los bienes que se repartan. Posteriormente, cuando el testador fallezca, los herederos deberán de formalizar la aceptación y partición de herencia, abonando los gastos de notaría, registro de la propiedad, y el impuesto de sucesiones (todo ello está explicado en Partición de la herencia).La donación, en concreto la de inmuebles, supone una transmisión del mismo, y está sujeta a los siguientes gastos e impuestos, que se devengan en el mismo momento de otorgamiento de la donación:
– Gastos: escritura notarial y registro de la propiedad.
– Impuestos: en primer lugar, el beneficiado por la donación, el donatario, ha de abonar el impuesto sobre las donaciones, que para calcular su cuantía parte del valor de lo donado, que habrá de ser consignado en la escritura. A ese valor se le aplica un tipo que no es fijo, como en las compraventas, sino que es como el del I.R.P.F., progresivo y por tramos. Comienza en el 7,65% y acaba en el tipo marginal del 34%. Como se puede comprobar, se trata de un impuesto que puede alcanzar cantidades elevadas a poco que lo donado tenga un cierto valor. El plazo de abono es de treinta días hábiles desde la fecha de la escritura.
Además, para los donantes esta transmisión se considera, a efectos del I.R.P.F. como ganancia patrimonial, por lo que habrá de ser declarado como tal en el ejercicio anual correspondiente del impuesto. Ello significa que los donantes, aunque no reciban nada como consecuencia de la transmisión, podrían tener que pagar algo por este concepto en el impuesto sobre la renta.
d) Posibilidad de compraventa
En ocasiones, sobre todo en el habla común, también se menciona la compraventa como una posibilidad más para repartir el patrimonio entre los hijos. No obstante, el negocio de compraventa no encaja en los intereses y necesidades que estamos tratando, por la razón fundamental de que es un negocio oneroso, a diferencia de la donación, que es gratuito.
En definitiva, la donación, como antes se indicó, supone una liberalidad, un regalo, del donante. La compraventa es una transacción, se entrega algo, un inmueble por ejemplo, a cambio de dinero. No hay ánimo de liberalidad por parte del transmitente, sino de hacer negocio. Por todo ello, si los padres regalan de presente un bien a su hijo, el negocio que deben de otorgar es el de la donación.
Ahora bien, en ocasiones entre padres e hijos existe efectivamente una compraventa, porque los padres reciben un precio por la transmisión, en cuyo supuesto naturalmente se podrá documentar de esta manera. Es un caso que se puede producir cuando, por ejemplo, los padres son propietarios de un inmueble, del que desean desprenderse, y un hijo estaría interesado en adquirirlo. Los padres no quieren donárselo para evitar suspicacias con el resto de sus hijos, por lo que se lo venden, y el hijo paga efectivamente el precio, en ocasiones al contado, y en otras a plazos, haciéndose constar todo ello adecuadamente en la escritura pública.
Para más información sobre compraventas, consulte Compra de vivienda.
e) Conclusión
Como vemos, las dos maneras fundamentales de repartir el patrimonio familiar, o una parte del mismo, entre los hijos, son muy diferentes entre sí, sustancial y fiscalmente, y admiten muchos matices y variantes. Acuda a su notario para que, a la vista de su situación e intereses particulares, le oriente en la solución jurídica que más le convenga.

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Adopciones truncadas

La relación se complica cuando los niños entran en la adolescencia
Tras el ‘boom’ de llegada de menores en 2005, está ocurriendo ahora en España
Un 1,5% de las adopciones internacionales se rompen en los primeros años, según un estudio de Ana Berástegui, doctora en Psicología e investigadora en el Instituto de la Familia de la Universidad de Comillas. Lo hizo en 2003, pero entonces ya avisaba de que la experiencia de países con mayor tradición en adopciones, como Holanda, constataba que pasados de cinco a ocho años de convivencia, cuando el menor entraba en la adolescencia, las rupturas aumentaban. Ese plazo ya ha pasado en España desde el boom de adopciones entre 2004 y 2006 (un 273% más que en 1998), y ya han saltado las primeras alarmas de este problema. Hace unos días, Cataluña alertó de que 72 menores habían sido abandonados por sus padres adoptivos en la última década. Más de la mitad provenían de adopciones internacionales y tenían más de 10 años. La Consejería de Bienestar Social catalana anunció que revisará sus criterios de selección de las familias, pero los expertos consideran que, además, es necesaria una mayor información, formación y seguimiento de los padres para evitar el fracaso de los proyectos adoptivos.

Las dificultades de la paternidad no son exclusivas de los adoptantes, pero sí existen peculiaridades. “Tienen que admitir que la Administración fisgará en su vida, que los hijos pueden ejercer su derecho a buscar a sus padres biológicos, o que pueden sufrir problemas por sus orígenes”, dice Berástegui. Lila Parrondo, psicóloga especializada en adopciones, añade la cuestión afectiva: “Normalmente los menores adoptados conflictivos muestran una conducta desafiante. Intentan constatar una y otra vez que no les van a abandonar a pesar de lo que hagan”. En sus 22 años de experiencia ha observado que incluso algunos niños se oponen a aceptar a sus nuevos padres. La mayoría de las familias acaban superando estos problemas, pero las que no suelen posponer el momento de pedir ayuda porque les cuesta reconocer que han fracasado. “Sufren mucho”, comenta Eva Gispert, directora del Instituto Familia y Adopción, entidad sin ánimo de lucro. Los casos de padres adoptivos que renunciaron a la tutela de sus hijos que ha conocido este periódico no quieren recordar el calvario por el que pasaron: las discusiones, la terapia, la impotencia e, incluso, el divorcio. “Se sienten estigmatizados y fracasados”, comenta Gispert.

La cuestión es si aquellas familias eran realmente idóneas para la adopción, si tuvieron la información y formación necesarias y si contaron con apoyo tras la llegada del menor. Javier Álvarez-Ossorio, representante de la Coordinadora de Asociaciones en Defensa de la Adopción y el Acogimiento (CORA) cree que no. “Nos lanzamos a la adopción internacional sin tener los recursos necesarios”. No fue hasta la Ley de Adopción Internacional de 2007 cuando se estableció la obligatoriedad de una “formación previa de las familias que permitiera comprender y afrontar las implicaciones de la adopción internacional, preparándolas para el adecuado ejercicio de sus funciones parentales una vez constituida aquella”.

Pero cuando empezaron a funcionar esos cursos ya se había producido un boom de adopciones. Se pasó de poco más de 3.500 en 2002 a 5.500 en 2004 y 2005. A pesar del descenso de los años siguientes, España es el segundo país del mundo con más adopciones internacionales después de Estados Unidos, según un informe del Parlamento Europeo. Para Ana Berástegui, en la última década se ha dado “una visión demasiado positiva y naif de las adopciones, y la crianza de un hijo adoptivo es más difícil porque viene con una historia de riesgo detrás”. Aquellos niños que vinieron hace 10 años hoy son adolescentes, con la rebeldía propia de la edad y los problemas añadidos de su condición.

Uno de los principales retos de las familias adoptivas es crear vínculos afectivos y, por muy deseados que sean los hijos, no siempre llegan a establecerse. “Es un problema de expectativas que a veces no se cumplen”, apunta Berástegui. Isabel Machado, responsable del servicio posadopción de Andalucía, pone un caso reciente: “La familia planteó que no había creado ningún lazo afectivo con su hija, que ya llevaba tres años con ellos. Normalmente, cuando hay problemas no es que los padres no los quieran abordar, es que no pueden”.
Pero aunque no se creen vínculos familiares, una adopción es “irrenunciable”, según el Código Civil. “Hay cierta fantasía entre algunos padres adoptivos cuando las cosas no van bien. Piensan que como la Administración concedió al niño, se tiene que hacer cargo de ellos si fracasan”, apunta la psicóloga Lila Parrondo.

El proceso legal para renunciar a la tutela, incluso la custodia, es el mismo para hijos biológicos y adoptados, pero en términos emocionales es diferente. “Cuando se dan rupturas pierde todo el mundo, aunque los niños son los que más sufren porque para ellos es un segundo fracaso. Es un trabajo fundamental que entiendan que no es su culpa”, asegura Isabel Machado.

En febrero de 2011 había 25 niños adoptados en los centros de protección de menores de la Comunidad de Madrid, según datos de Berástegui. La mitad de ellos habían sido adoptados cuando tenían menos de 6 años. El 68,2% estaba allí porque a partir de los 11 años tuvo problemas de conducta con sus familias. Entre los niños del centro hijos de padres biológicos, solo un 20,7% estaba allí por el mismo motivo. A tenor de los resultados, la investigadora cree que “algunas rupturas tienen que ver con la ligereza de los criterios en el pasado”. Con el tiempo, los requisitos para la idoneidad se han endurecido, pero todavía “tienen que revisarse porque ha cambiado el perfil de los niños adoptables, que ahora son más mayores”, apunta.

Salomé Adroher, directora general de Servicios para la Familia y la Infancia del Ministerio de Sanidad, considera que la Administración “no es la única culpable de las adopciones truncadas”, pero reconoce que “hay que analizar si los procesos han sido los adecuados. Es el momento de abrir el debate”. “Como jurista, veo que no es concebible que ninguna comunidad contemple como causa de no idoneidad el haber abandonado a un hijo antes”. El ministerio ha elaborado un manual para las evaluaciones técnicas en las adopciones internacionales, porque “convendría procurar una homogeneidad”, según Adroher, pero no deja de ser competencia de las comunidades.

El proceso de idoneidad se ha mejorado desde 2005, tras el pico de adopciones. “Empezamos a buscar en la experiencia unos criterios en la selección de familias”, explica Berástegui. Pero además de ese camino largo y difícil que tienen que superar los adoptantes para lograr la idoneidad, los expertos coinciden en que para evitar las adopciones truncadas es necesaria una buena formación previa. “No se trata de asustarles, pero tienen que conocer los riesgos”, dice Parrondo. En el caso de la vía internacional los cursos preadoptivos son obligatorios, pero “insuficientes”, según Álvarez-Ossorio, de CORA. En la mayoría de comunidades se imparte un curso de 10 horas en una o varias sesiones, pero cree que tendrían que ser al menos 15 horas y una formación más específica. “Si les damos las herramientas y el tiempo para reflexionar la mitad de las familias se autodescartarían”, apunta.

Cataluña es la primera que ha anunciado que aumentará el tiempo de formación de 12 a 16 horas repartidas en cuatro semanas, y no un día y medio como hasta ahora. Sin embargo, las asociaciones de padres adoptivos demandan un paso más: que la formación no la impartan las mismas instituciones que evaluarán su idoneidad. Eva Gispert asegura que las familias tienen reticencias a mostrar sus dudas en los cursos de preparación, porque piensan que les perjudicará.

La otra carencia del sistema, según el representante de CORA, es la falta de apoyo mientras el hijo es menor de edad. En las adopciones nacionales se realizan evaluaciones periódicas, pero no ocurre lo mismo con las internacionales. Son los países de origen los que fijan el seguimiento que debe hacerse. Como ejemplo, Rusia pide cuatro informes en los tres primeros años, China solicita tres en el primer año y Colombia, dos. Otros países, como Mozambique, no requieren ninguno. Pero, además, queda a elección de las comunidades hacerlo o no. Aunque la mayoría cuenta con servicios de apoyo posadoptivo, algunos casos de adopciones truncadas no se detectan. “Los pocos datos que tenemos”, asegura Berástegui, “son solo la punta del iceberg, porque sabemos de padres que mandan a sus hijos a internados y eso son, en realidad, adopciones no constituidas, que no han creado lazos, y al llegar a la mayoría de edad se rompen”. En esos casos, dice Parrondo, “los padres se gastan un dineral y así nadie ve que hay una ruptura, pero solo están cubriendo las necesidades educativas del menor”.
Los hijos no se devuelven
“La adopción es irrevocable”. Lo dice el artículo 180 del Código Civil. Un padre adoptivo es padre cien por cien, en términos legales, como si fuera biológico. Lo que no deja lugar a equívocos: “Los hijos no se devuelven”, insiste Salomé Adroher, directora general de Servicios para la Familia y la Infancia del Ministerio de Sanidad. Este mensaje es el que ha tenido que transmitir Javier Álvarez-Ossorio, representante de la Coordinadora de padres adoptantes, CORA, a sus dos hijos adoptivos de nueve y 11 años, que han visto las noticias y escuchado a su padre hablar de ello en la radio.
La ruptura de las familias adoptivas es como la de cualquier otra familia. Su tutela pasa a la Administración cuando quedan privados de la necesaria asistencia moral o material. Un padre que pida a la Administración que asuma la tutela de su hijo tiene que demostrar tales circunstancias y pasar por un período de terapia. “Lo primero es intentar solucionar el problema”, explican fuentes de la Consejería de Asuntos Sociales de la Comunidad de Madrid. Pero si la ayuda no funciona, las comunidades se hacen cargo de la tutela, pero los niños, sean adoptados o no, siguen siendo hijos de sus padres. Solo se rompe el vínculo legal cuando el niño es adoptado por una nueva familia o porque un juez retire la custodia.

Aun bajo la tutela de la comunidad autónoma los padres tienen, como tales, obligaciones con su hijo. Cataluña ya ha anunciado que estudiará la responsabilidad jurídica de las familias que renuncian a la tutela, después de que se hayan conocido los datos de adopciones truncadas en esta comunidad.

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El Gordo del Bicentenario ha caido en Dos Hermanas (Sevilla)

Felicito a “Edu” miembro de Entreloteros, que es titular de la Administración de Loterias en la que se consignó el numero que ha sido el ganandor del primer premio del sorteo celebrado el pasado sábado 3 de marzo de 2012, conmemorativo de los 200 años del primer sorteo de Loteria Nacional, y que según fuentes de SELAE dejó 23.970.000€ en la localidad sevillana de Dos Hermanas.

Entre los premios repartidos destaca un Premio Especial de 15.000.000€ a un solo décimo, que es el mayor premio de los repartidos a un solo décimo en los 200 años de historia de Lotería Nacional. Además, una lluvia de millones, en forma de décimos premiados con 130.000€ cada uno, correspondiente al Primer Premio, ha estado muy repartida en Dos Hermanas.

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